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El sábado 20 de noviembre del 2021, día que casualmente conmemora la presentación de la niña María de Nazaret ante los doctos del Templo de Salomón de Jerusalén para que les enseñara su Sabiduría, celebramos en el Espacio Elena Arnedo Soriano de Madrid la presentación del libro El placer femenino es clitórico. Fue un encuentro sabio y alegre. Intervinieron, en primer lugar, Beatriz Santiago Ortiz con la Asociación teatral La lavadora, que hicieron una performance preciosa y divertida salida de los contenidos del libro, en segundo lugar, Candela Valle Blanco, de Psicología en femenino (Madrid), y por último la autora del libro. Aquí tienes los textos.

Textos de la presentación
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    Candela Valle Blanco

    Escribe Milagros en la página 181: «la mujer clitórica que siempre estuvo ahí se vuelve reconocible en su modo de ser madre y de concebir nombres una vez terminado el patriarcado. Un indicio más de que estamos en la Era de la Perla.

    Este es un libro escrito en esta Era de la Perla. Siendo así, yo os propongo leerlo también desde esta nueva Era. Dejad que vuestro sentir de mujer clitórica os guíe en su lectura. Adentraos sin conceptos previos, sin ideología, con la verdad de vuestro sentir propio que inequívocamente os llevará en el momento adecuado a reconocer ese mundo en femenino de mujeres libres que disfrutan de su ser mujer y que Milagros nos muestra en cada página.

    Es un libro bellísimo y verdadero, que nos adentra en un Mundo poblado de mujeres clitóricas, y que desde la primera a la última palabra nos regala la posibilidad de una salida del entramado perverso construido por el patriarcado y el contrato sexual para confundir a las mujeres. 

    Nos hace sentir que no estamos solas al mostrarnos mujeres que no perdieron su independencia simbólica y que han estado ahí tejiendo para que otra pueda encontrar el hilo que la una a su genealogía femenina, a su origen materno, a reconocer su propio infinito y su propio placer, siempre placer clitórico, porque como repite Milagros en más de una ocasión «toda niña nace clitórica y, si nada ni nadie se lo impide, clitórica permanecerá el resto de su vida.» 

    Igualmente nos descubre signos y símbolos que están por todas partes con los que las mujeres han expresado ayer y hoy el placer clitórico. Te abre a un campo de percepción que teníamos velado como consecuencia de la violencia hermenéutica o clitoridectomía simbólica, que ha pretendido saquear y usurpar el mundo y la cultura femenina, previas y contiguas al patriarcado. Ha pretendido hacer olvidar a las mujeres el hecho natural de nacer con clítoris y, por tanto, ser naturalmente clitóricas.
    Cuando leí que la vagina no existe, que es un invento del siglo XVII, y que el orgasmo vaginal es un invento del siglo XX, se hizo luz en muchas oscuridades propias y vividas en mi trabajo. Se hizo la luz en relación con el propio placer y con el propio cuerpo, un cuerpo de mujer que se ha intentado y se sigue intentando colonizar, precisamente por la incapacidad de muchos hombres violentos de reconocer su origen femenino materno y por la envidia de la capacidad de las mujeres, todas clitóricas, de generar cuerpos sin coitos y conceptos sin falo. 

    Saber que la vagina no existe como órgano propio de nuestro cuerpo nos lleva a no equivocarnos de orgasmo, y es vital para recuperar el saber intuitivo que toda mujer tiene de que su órgano natural es la matriz. Órgano entero que llega hasta la vulva, integrado en la totalidad de su cuerpo de mujer, que está para su uso y disfrute. La matriz es exclusiva del cuerpo de las mujeres e imprescindible reconocer, ya que nos señala como la matriz o madre de la creación. Nos sitúa en el origen. Nos permite reconocer el placer femenino propio y puro, y nos devuelve a la consciencia de la mediación amorosa que somos.
    Esta luz de la que hablo se da en toda la lectura, es un tesoro detrás de otro, Milagros nos hace una revelación, un descubrimiento. Leyéndolo te das cuenta de en qué medida afectó a tu vida esta usurpación del mundo femenino y esta tergiversación de quien realmente eres. Habrá un antes y un después, o porque reconoces que te habías equivocado de placer y de orgasmo o porque te reconoces mujer clitórica y te sientes feliz por encontrarte con otras. 

    Leer que los siglos X, XI, XII y XIII, según escribe Milagros en la página 130, «fueron siglos de libertad femenina», me llevó de nuevo a un lugar de luz y alegría. A una de esas salidas que he señalado. Salida muy importante en nuestros días, ya que te descubre el antes de este mundo pequeño y mentiroso que nos han mostrado a las mujeres que hemos nacido en la época de la igualdad. Te saca de esa estrechez en la que ninguna mujer cabe, hace que se muevan tus entrañas y te orientes, sacándote de esa encrucijada, de ese cruce de caminos en el que te quedaste atascada. Te das cuenta de cómo has estado sometida a mandatos impuestos por la violencia hermenéutica, y ese darte cuenta, ya es una salida, el inicio de tu propio camino de libertad femenina, reencontrándote entonces con aquellas mujeres y su saber. 

    Ni el patriarcado, ni el contrato sexual, ni las acciones premeditadas de usurpación y colonización del mundo femenino han podido ni pueden contra el hecho natural de que la matriz de la vida y el conocimiento es una mujer. Siempre una mujer clitórica, que es quien tiene existencia simbólica, quien sabe que su placer femenino es sagrado y no se puede colonizar. Esta mujer no cede su independencia simbólica, vive conectada con su sentir propio. De nuevo aquí se manifestaba en mi lectura otra luz para mí, para nuestro presente como mujeres hoy. Podía salir de la polaridad en la que el pensamiento del pensamiento nos ha instalado e ir más allá, preguntarme cómo reconocer si estoy cediendo independencia simbólica. Dice Milagros en la página 145: «Si una mujer se deja volar, aunque sea un poquito, se encontrará enseguida con su independencia simbólica, y saldrá airosa del nudo. Se encuentra con ella, con la independencia simbólica, porque se esperan mutuamente, en cualquier cruce de caminos, en cualquier encrucijada. Se esperan mutuamente porque, a una mujer, la independencia simbólica le pertenece de nacimiento. Por eso la mujer clitórica que permanece fiel a su nacimiento concibe cuerpos sin coito y conceptos sin falo». 

    Esta expresión de «concebir cuerpos sin coito y conceptos sin falo» seguro que nos genera preguntas. Son los misterios clitóricos quienes nos pueden responder y a ello dedica Milagros parte del capítulo 4. Una lectura preciosa, que nos puede sacar de este mundo tan frío, mecanicista, y desde luego no femenino, que nos impone la ciencia del método científico y nos aleja de los misterios de la vida y, sobre todo, de la vida de las mujeres.

    Quisiera terminar con la práctica del partir de sí a la que Milagros se refiere en la página 201: «la práctica del partir de sí como un hacer simbólico que convoca con naturalidad el sentir y el placer femenino propios, convoca las entrañas y el alma. Cuando se da bloqueo y miedo en este partir de sí, «resultan derivar de la escasez de placer clitórico. Por eso es tan importante para una mujer que elija la escritura femenina, el dosificar con extremo y ascético cuidado la lectura de obras de pensamiento del pensamiento, obras que placer, a ella, no le suelen dar, salvo sucedáneo del verdadero alimento que busca su amor al saber. También aquí es muy útil y conveniente no equivocarse de orgasmo».

    Mª de las Candelas Valle Blanco
    Madrid, 20 de noviembre de 2021

    Beatriz Santiago Ortiz

    Bienvenidas a todas.

    Aquí estamos reunidas… para presentaros el libro de Mª Milagros Rivera Garretas, El placer femenino es clitórico.

    Como ella misma se presenta, MARÍA MILAGROS RIVERA GARRETAS es madre, abuela, ama de su casa, historiadora, filóloga, ensayista, traductora, catedrática de historia medieval y cofundadora de Duoda (Universidad de Barcelona).

    Entre sus libros están: Textos y espacios de mujeres (1990), Nombrar el mundo en femenino (1994), El cuerpo indispensable (1996), El fraude de la igualdad (1997), La diferencia sexual en la historia (2005), El amor es el signo (2012), Emily Dickinson (2016), La reina Juana I de España, mal llamada la loca (2017) y Sor Juana Inés de la Cruz. Mujeres que no son de este mundo. (2019). Su obra ha sido traducida al alemán, catalán e inglés.

    Cuando cogí este libro entre mis manos, sentí que me conectaba conmigo misma. Sabía que su interior contenía aquellas palabras que vienen de la lengua materna, de mi madre, mujer sabia y sin estudios, que me acurrucó con palabras como placer y libertad. Jamás pudo pronunciar la palabra clítoris, hasta que un buen día, me toco a mi romper el hechizo histórico y pudimos pronunciarla juntas.

    Mª Milagros me invitó a presentar su libro en este espacio repleto de miradas amigas, lo primero que sentí fue un profundo agradecimiento, gracias Milagros, luego vinieron las dudas, la incertidumbre, los miedos y sobre todo la vergüenza de sentirme poco y menos.

    Entonces hice lo que me enseñó una amiga, volví a tu libro, a sus palabras a sus imágenes, y sentí su libertad, esto es lo que nos enseña El placer femenino es clitórico, a ser más libres. Todos los pensamientos que me habían hecho dudar y que venían del pensamiento del pensamiento desaparecieron sin apenas dejar rastro en mí.

    Esto es lo que para mí es tu libro, un palpito, una alegría, un inmenso placer.

    No es casual que hoy comparta esta presentación con mis amigas del laboratorio cómo me pone la lavadora, porque también he sentido sus caras de complicidad cuando te hemos escuchado. Este libro es un regalo para todas nosotras, un regalo que esquiva la miseria para adentrarnos en el sentir más profundo.

    A este laboratorio, no hace mucho tiempo, también le excluyeron como a ti, querida Milagros, por proponer un cambio de paradigma, dejar atrás la miseria femenina e investigar sobre el placer femenino.

    Nos echaron del sistema por disfrutar de nuestros clítoris, por enseñar a otras a vivir desde el placer y por cambiar la queja por la alegría de ser mujeres

    No es una casualidad que ahora estemos aquí juntas, compartiendo experiencia y amor. Tu sabiduría e intuición pone palabras a nuestra forma de estar juntas.

    Necesitábamos tu libro, todas, nosotras, las que vivimos en la libertad femenina y disfrutamos de ella con deleite y con el amor inmenso con el que nos amamos a nosotras mismas.

    No soy persona de textos ni de escritura, soy mujer de teatro, por eso este laboratorio ha seleccionado aquellos textos que, a cada una de nosotras, le ha llegado al alma y con ellos te dedicamos esta pieza compuesta para ti y desde ti.

    Gracias Milagros

    Beatriz Santiago Ortiz

    María-Milagros Rivera Garretas

    ¿Es posible equivocarse de orgasmo?

    Este libro ha nacido de mi experiencia en el feminismo, una experiencia y, sobre todo, un sentir, que me han acompañado siempre a lo largo de la vida. Mi madre fue una mujer emancipada, profesora de griego de la Universidad de Salamanca desde finales de la Segunda República Española hasta las purgas de 1941, una mujer que nos educó a sus hijas e hijos a sentirnos iguales en valor, pero no iguales, ni tampoco desiguales, ni en el sentir ni en el placer ni en el ser. Por eso, en el libro sostengo que el placer es más importante que la república, que la cosa pública. Por eso, el libro empieza con la pregunta de si es posible que una mujer se equivoque de orgasmo.

    De mi experiencia en el feminismo, hay una que ha resultado ser importantísima para este libro. Fue la publicación en Italia en 1971 de una pequeña obra que tenía un título escandaloso. El título era La mujer clitórica y la mujer vaginal. Su autora se llamaba Carla Lonzi y formaba parte del grupo Rivolta Femminile, Revuelta o Revolución femenina, teniendo en cuenta que lo de “femminile / femenina” era de lo más revolucionario entonces, porque todo lo femenino era considerado muy carca y eternamente oprimido, sin posibilidad de libertad, solo de liberación, que es una cosa muy distinta.

    Esa obrita cayó como una bomba en el feminismo, también en España. A mí me afectó profundamente, y me interpeló como te interpelan esos textos misteriosos que cuando los lees sabes, porque lo sientes, que tienen un secreto que no aciertas a desvelar. Recuerdo, y lo comento en el libro, las discusiones a gritos entre nosotras, las feministas de Barcelona, sobre los propios orgasmos, reales e imaginados, una en concreto justo al final de la Rambla Cataluña, de noche, saliendo de un bar después de un encuentro. “¿Quién eres tú para hablar de mis orgasmos?” nos chillábamos. Gritábamos unas contra otras como grita el minotauro ante lo que quiere entender y no puede.

    ¿Qué es lo que no entendíamos? En mi opinión, no nos dábamos cuenta de que las feministas jóvenes de entonces, o sea nosotras mismas, que nos considerábamos emancipadas y libres, vivíamos, en realidad, en una situación contradictoria, de doble tirón; y al mismo tiempo, estábamos llevando con nuestra enorme fuerza esa contradicción al límite, hasta desencadenar su imposible. Había una contradicción insoportable entre nuestro ser emancipadas y ser libres. ¿Por qué? Porque nos estábamos emancipando de nuestro ser mujer, que ocurre que es lo más grande del Mundo, y así, automáticamente, nuestra libertad se empequeñecía y se desorientaba. Todo ello independientemente del tipo de sexualidades que practicáramos, ya que el ser “lesbianas”, como se decía entonces, se quedaba también dentro de la emancipación, en tanto que parte de la política de la identidad, esa política que atrapa la libertad femenina, subyugándola, poniéndole etiquetas, límites. Pero la libertad es un sentir, sentir precisamente sin límites.

    El pensamiento de Carla Lonzi dio en la diana de esta contradicción. Por eso gritábamos, en vez de sentir y hablar. Nos pasaba algo insoportable, algo sentido en la carne, que no accedía a la palabra. El texto La donna clitoridea e la donna vaginale nos obligó a preguntarnos por la veracidad del propio placer, del propio orgasmo, que nosotras dábamos por seguro y cierto. Sabíamos que el orgasmo vaginal había sido inventado por un psicopatólogo horrendo cincuenta años antes, en el marco del freudismo y su misoginia, pero no nos cabía en la cabeza que esto nos afectara personalmente a cada una de nosotras. En aquel momento, el feminismo se ocupaba más de las otras, de un vago e inexistente “las otras”, que salvaguardaba la propia opresión y retardaba la propia toma de conciencia. Carla Lonzi forzó la pregunta hasta hacernos chillar por la calle; forzó una incógnita, que yo, al menos, he tardado cincuenta años en poder poner en palabras que desencadenaran su imposible desde mi propia experiencia.

    No llegamos a puerto alguno, en aquellos años. La conclusión que alcanzamos fue que el texto La mujer clitórica y la mujer vaginal era peligroso porque nos dividía a las mujeres, que estábamos hartas de ser divididas por las mil instancias del patriarcado de entonces, instancias de poder empeñadas en separarnos y en confundirnos con el fin de preservar el contrato sexual sobre el que su poder se fundaba. Y así, entre perplejidades y gritos, la mujer clitórica y la mujer vaginal quedaron pendientes, trabajando dentro de cada una como trabajan las palabras, a la espera de tiempos mejores.

    Por eso, el primer capítulo del libro que presentamos se titula Equivocarse de orgasmo; y, el segundo La violencia hermenéutica o clitoridectomía simbólica. Escribiendo el libro me di cuenta de que era la violencia hermenéutica universitaria lo que nos impedía entender.

    Recuerdo reírme sola un buen rato, al empezar el libro, cuando me vino a la cabeza el título del primer capítulo, Equivocarse de orgasmo. Pensé incluso en ponerlo como título del libro entero, aunque luego el libro se fuera él solo por otros caminos, más placenteros y más alegres. Por eso, los dos capítulos restantes se titulan Glosa del placer clitórico y Concebir cuerpos sin coito y conceptos sin falo.

    Pero la frase Equivocarse de orgasmo consiguió cumplir el hechizo de disolver, al menos en mí, y entre risas, sin controversia alguna, la contradicción antigua. Me di cuenta de que la emancipación a la que nos había llevado la violencia hermenéutica universitaria nos ponía un tope: el tope de impedirnos ver, impedirnos ver que la emancipación formaba parte de la opresión que tanto criticábamos. Este es el paso, paso lateral, no opositivo ni de progreso, que yo di con respecto a mi madre.

    Por eso, una de las cosas importantes, en mi opinión, que el libro aporta es la toma de conciencia y la expresión de que toda mujer nace clitórica y virgen, y clitórica y virgen puede permanecer la vida entera, sea o no sea madre. Incluso si ha sufrido violación o incesto. Porque el placer femenino es clitórico. La clave está en no equivocarse de orgasmo, no equivocarse de placer. Esta es una afirmación mística, sentida, sentida en lo más hondo de las entrañas femeninas; por tanto, no reificable, no objetivable, no sujeta a controversia. Es mística porque esconde y desvela un misterio, un misterio clitórico. El primer sentir que de Amor, de Dama Amor, se tiene, es ya mística.

    En otras palabras, la mujer clitórica y la mujer vaginal no son una alternativa y, por tanto, no nos pueden dividir a las mujeres. Menos aún hacen una antinomia del pensamiento. Sostengo en el libro que la mujer vaginal es vaginal adquirida; por tanto, más que la mujer vaginal existe la mujer vaginalizada: vaginalizada por el contrato sexual. Terminado el patriarcado y su fundamento, el contrato sexual, la mujer vaginalizada resulta residual; aunque haberlas, las haiga.

    Se equivocó de placer, en mi opinión, María Zambrano, cuando escribió en su Filosofía y poesía que “La primera idea que del amor se crea es ya mística”. Amor no es una idea, es un sentir, sentir precisamente placer. No necesita de Platón: la caverna, la caverna del placer, es otra. Y todo placer es de la Mística, todo placer pertenece al Misterio; siendo el ser mujer el misterio más importante de la Naturaleza, de lo nacido y por nacer, su misterio primero, misterio que obviamente los relatos patriarcales convirtieron en segundo, en secundario, y por eso son patriarcales. En el origen de todo placer y de toda vida y creación hay una Divina Presencia que es mujer y que acompaña e inspira lo vivo. Por eso, el placer femenino es clitórico; por eso, la vagina y el orgasmo vaginal tuvieron que ser inventados por hombres machistas, la vagina en 1641, cuando la Caza de brujas empezaba a ser ganada por los Estados modernos; el orgasmo vaginal, en 1928, cuando la libertad de amar de tantas mujeres del siglo XIX y principios del XX amenazaba con derribar los Estados modernos eliminando el patriarcado de sus casas y de sus vidas y de su noción de lo que es una familia. Yo me reí mucho traduciendo del latín lo que dice el inventor conocido de la vagina sobre la utilidad de esta, que estaba diseñada, según él, literalmente, para el “cómodo choque viril”. Algo parecido al tópico “mujeres victorianas”, que nunca existieron en los términos del tópico machista.

    Todo esto es un enigma para la mente moderna y postmoderna, esa mente que tiende ya de forma casi naturalizada al Uno, al falo, construcción cultural del pene. Hoy, enigmáticamente, parece que las mujeres emancipadas ya ni hablan de su vulva y, con frecuencia, tanto oralmente como por escrito, la confunden con la vagina. Persiste así, entre algunas, la pena enorme de equivocarse de orgasmo.

    Pero el cuerpo, como decía María Zambrano, se obstina en ser. Lo prueban esas inexplicables enfermedades femeninas antiguas y nuevas: la depresión que no ceja, la fibromialgia, la fatiga crónica, el inexplicable “me duele todo”, “no puedo con mi alma”, “no me tengo de pie”. Persiste una contradicción insoportable que nos tensa el cuerpo y el alma, y nos impide destensar una y otro, hasta que el dolor se adueña. Esas enfermedades advierten de que el placer está ausente. “El cos aguanta si el cor canta”, el cuerpo aguanta si el corazón canta, cantaba hace mucho Marina Rossell, y sigue vigente. Porque a una mujer el placer le pertenece en primera instancia, por su ser mujer y su ser divina, placer del cuerpo y del alma inseparables, placer del alma corporal, como lo ha llamado la teóloga Antonietta Potente. Por eso el placer femenino es clitórico. Y ni se contrapone con el llamado orgasmo vaginal ni es tampoco su alternativa. Las mujeres sabemos que hay cosas que se eligen sabiendo que no son objeto de elección: una de ellas es el ser mujer, otra, el placer.

    Las lectoras que han opinado sobre el libro en los meses inciertos que han pasado desde que salió a finales de noviembre de 2020, me han devuelto precisamente eso, que el placer femenino es clitórico. Me han escrito cosas como estas:

    No hay sitio ni para la paridad ni para la igualdad en un orgasmo;
    nunca, en ninguna circunstancia, dejé de acariciarme;
    mi clítoris está mustia;
    también soy Rosa;
    el placer de coleccionar estampas de vírgenes y de Inmaculadas en mi niñez;
    qué alivio saber y darme cuenta de que tengo la capacidad de ser clitórica, que he nacido clitórica y ahora re-nacido clitórica, además de reconocer mi clitoridad en mi vida concreta, como lo que significa mi nombre, Ilse, ninfa del agua;
    tengo ahora mismo la entraña que me va a dar algo, directamente, y el alma que ni te cuento, dando palmas, dando palmas está mi alma;
    gracias por hacerme reír ante situaciones compartidas en relación al placer del cuerpo y del alma;
    ¡Extraordinario libro! Conmovedor, asombroso, brutal a veces;
    a mí nadie me despojaba de mi placer;
    no se pueden decir verdades tan gordas de una forma tan seria y a la vez que te hagan soltar una carcajada;
    es uno de los libros más verdaderos que he leído jamás;
    La palabra “placer” es distinta para nosotras las mujeres que para la sociedad. La palabra placer redime el dolor, no solo la risa. La palabra placer tiene una fuerza de redención muy grande. En medio está el mundo, no solo mi placer. No solo como un placer egocéntrico sino verdaderamente grande. Un Misterio. El Misterio lo comprende todo y a todas y todos.

    Críticas, la verdad es que no he recibido. Seguramente porque el libro no tiene nada que ver con el pensamiento crítico. Es un libro, como decía al principio, nacido de mi experiencia, de una necesidad personal. Cuando he hablado de él en la universidad, lugar del pensamiento crítico, la experiencia ha sido muy difícil. Me vino de pronto la palabra “clitoricida”, para describirla, esa experiencia. Comparecieron los delitos de omisión, de retroversión, de encubrimiento, de negación del placer clitórico atribuyéndoselo a cualquier sentimiento, de anulación de su posibilidad de existencia simbólica. Yo ni entendía de qué me estaban hablando, hablaban de otra cosa, que es el modo más académico de tapar, de practicar la condena de la memoria, la damnatio memoriae, aunque fueran mujeres. Una experiencia terrible, muy propia de la violencia hermenéutica universitaria. Creo que no merece la pena recordarla.

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